En septiembre del 2023 tuve la oportunidad de dinamizar un taller sobre Creatividad e Innovación en la 12ª Jornada de Centros Innovadores de Cataluña organizada por la red educativa DIM-EDU. Aquel día, rodeados de profesionales inquietos por transformar la educación, se hizo evidente algo esencial: si queremos una escuela viva, necesitamos activar la creatividad, no como un añadido, sino como parte del corazón del aprendizaje.

Este artículo nace de aquella experiencia y de las conclusiones compartidas tras el taller.

¿Por qué hablar de creatividad en educación hoy?

Porque la creatividad ya no es un lujo ni un complemento. Es una competencia básica para comprender el mundo, resolver problemas reales y crecer como individuos. La OCDE lo recordaba en su informe Thinking Outside the Box (2022): todas las personas pensamos creativamente cada día, solo que no siempre somos conscientes de ello.

La creatividad no es solo pintar, imaginar o inventar; también es evaluar, cuestionar, replantear y mejorar ideas. Se relaciona con la ciencia, el arte, las relaciones, la vida cotidiana… Y, por supuesto, con el aula.

Creatividad en el aula: mucho más que “hacer actividades originales”

La creatividad tiene un impacto profundo en cómo los alumnos piensan, sienten y se relacionan con el conocimiento. Destaco estos cuatro aspectos clave:

1. La creatividad desarrolla habilidades cognitivas esenciales

Guilford ya hablaba en 1958 de dos formas de pensar:  Pensamiento convergente: lógico, racional, analítico. Y pensamiento divergente: flexible, abierto, original.

La creatividad aparece cuando ambos dialogan: cuando un alumno puede resolver un problema lógico, pero también imaginar nuevas vías para hacerlo. Esto abre puertas a conexiones inesperadas y a soluciones genuinamente nuevas.

2. Activa la curiosidad y el “flujo creativo”

Todos hemos vivido momentos en que estamos tan concentrados en una tarea que el tiempo parece desaparecer. Este estado de flow (de fluir) es un motor poderoso para la motivación intrínseca. La curiosidad es el punto de partida: cuando algo nos toca, nos engancha, aprendemos más y mejor.

3. Fomenta la colaboración real entre iguales

La creatividad no siempre es un acto individual. Muchas ideas surgen en conversación: un alumno completa lo que otro inicia, una pregunta abre una vía inédita, un conflicto se transforma en un reto compartido. En el aula, la creatividad florece cuando hay espacio para escucharse y construir juntos.

4. Abre la puerta a la experiencia y a la vivencia intelectual

Kaufman y colaboradores (2016) hablaban de apertura al intelecto: la capacidad de conectar con ideas abstractas, reflexionar sobre ellas, cuestionarlas. Esa apertura es clave para la metacognición: aprender a pensar sobre lo que estoy aprendiendo, desarrollar una mirada más flexible, más crítica y más consciente.

Entonces, ¿qué necesita un aula para que la creatividad suceda?

No es cuestión de hacer “actividades creativas”, sino de cultivar una cultura creativa.

Esto implica dos movimientos: 

— Un rol docente que facilita, no dirige

El profesor deja de ser la fuente única del saber y pasa a ser el que abre preguntas, acompaña procesos, observa e interviene sólo cuando hace falta. Sostiene, no impone.

— Dar voz auténtica al alumnado

La creatividad exige que los alumnos hablen desde sí mismos: que expresen ideas, intuiciones, sensaciones. Sin espacio para la voz, no hay creatividad posible.

Los 7 principios para un aprendizaje profundo y creativo:

La OCDE (2012) ya apuntaba una hoja de ruta valiosa para un aprendizaje significativo. Estos principios son especialmente relevantes cuando hablamos de creatividad:

  1. Personalización: cada alumno como protagonista de su proceso.
  2. Aprendizaje social: el diálogo como motor.
  3. Respeto a las diferencias individuales: talentos diversos, ritmos diversos.
  4. El papel de las emociones: sin emoción no hay aprendizaje profundo.
  5. Esfuerzo con sentido: actividades con propósito y relevancia vital.
  6. Evaluación formativa: la evaluación como parte del aprender, no como fin.
  7. Conexiones horizontales: relacionar lo nuevo con lo que ya sabemos.

Cuando estos elementos se integran, la creatividad no se fuerza: emerge.

¿Se puede evaluar el pensamiento creativo? Sí, pero desde dentro

Evaluar la creatividad no significa poner nota a una idea “bonita”. Significa observar procesos y podemos hacerlo en tres niveles:

Nivel 1: Generar ideas diversas

Fomentar un pensamiento divergente, libre, sin miedo a equivocarse.

Nivel 2: Generar ideas creativas (nuevas y útiles)

Ayudar a identificar cuáles de esas ideas aportan algo original y significativo.

Nivel 3: Valorar y mejorar ideas

Acompañar la reflexión: ¿qué funciona?, ¿qué puedo modificar?, ¿cómo se adapta mejor a mi propósito?

La creatividad no se mide, se acompaña.

Por todo ello, es necesario crear y abrir espacios para pensar diferente. La creatividad no es patrimonio de unos pocos ni un talento reservado a las artes. Es una capacidad humana universal que puede cultivarse —y que la escuela debería proteger y potenciar.

En cualquier aula, formal o no formal, podemos sembrar creatividad si ofrecemos los ingredientes mágicos: tiempo, 

espacio, escucha, confianza, y desafíos con sentido.

Cuando permitimos que cada alumno explore sus propias ideas y talentos, emergen miradas nuevas, conexiones inesperadas y aprendizajes más profundos. Y es ahí, justo ahí, donde la innovación educativa se vuelve auténtica.


Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.