A lo largo de nuestra experiencia vital tomamos múltiples decisiones. Muchas de ellas son automáticas e inconscientes pero otras son decisiones que requieren un proceso de reflexión y de análisis pausado. 

En la escuela muchas de las decisiones que afectan a los alumnos las toman los adultos del centro educativo y/o de su entorno. Pero ¿de qué manera podemos ayudar en la toma de decisiones si no damos la oportunidad de analizar pros y contras para tomar la con responsabilidad? El hecho de reducir a la mínima expresión el uso de su “libertad responsable” deja a muchos de nuestros jóvenes expuestos a dudas y a una incertidumbre que en ocasiones genera ansiedad y malestar.

La toma de decisiones en este mundo que vivimos de múltiples opciones no es una tarea fácil y son muchas las variables que acaban decantando la balanza. Hay un momento clave al final de la etapa obligatoria en la que deben decidir acerca de qué hacer posteriormente. ¿Qué pasa con nuestros jóvenes que deben de tomar una decisión importante en relación a su proyecto personal al final de etapa? ¿Cómo podemos acompañarlos en el proceso de aprendizaje para la toma de decisiones?

La orientación educativa se plantea como una apuesta para el acompañamiento en la toma de decisiones de tipo académico y/o profesionalizador al finalizar la etapa secundaria, pero también es un elemento clave para el autoconocimiento y la gestión socioemocional. Requiere que el protagonista de ese proceso sea el propio alumno/a

Pero ese acompañamiento en la toma de decisiones de nuestros adolescentes debe de ofrecer una mirada esperanzadora y positiva y, sobre todo, basado en sus fortalezas y aspiraciones.  En ese sentido el paradigma apreciativo nos ofrece un proceso de investigación acción de aquello que nos da vida como personas siguiendo un modelo cíclico que Cooperrider, creador del modelo, denomina de las 5D’s.  

Pero ¿de qué manera podemos aplicar el paradigma apreciativo a la orientación educativa? De entrada se trata de establecer una conversación entre la persona que acompaña y el joven para poder explorar profundamente qué le da vida, con qué vibra, qué es aquello que le mueve y le conmueve. 

Se trata de formular preguntas indagadoras que lo sitúen en un lugar inexplorado abriendo la puerta a imaginar más allá de lo que ha pensado y se ha dicho. La habilidad del interlocutor es ir enlazando preguntas que poco a poco ayuden a explorar lo imaginado. 

Iniciar una conversación acerca de las fortalezas o los dones que uno tiene puede ayudar a situar el diálogo en un marco apreciativo para que fluya, en cierta manera, lo intuido y lo deseado.  En ese sentido, el modelo de las 5D’s puede ayudar a concretar oportunidades de éxito, propósito, estructura y sostenibilidad.

Algunas experiencias de orientación educativa apreciativa pasan por abrir el foco a imaginar lo que no se ha imaginado o no se ha atrevido a imaginar. Hablamos de fomentar la libertad personal, el libre albedrío, con responsabilidad asumiendo que tomar una decisión implica focalizarse en aquello que libremente hemos elegido. Ese es el verdadero desafío de la educación de nuestros jóvenes: la elección libre y responsable. 


Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.