En el II Congreso de Educación de la Sociedad Catalana de Pedagogía, celebrado en noviembre de 2024 en Barcelona, reflexionamos sobre un elemento que a menudo queda fuera del foco, pero que sostiene toda vida escolar: las relaciones.

Yuval Noah Harari nos recuerda en su último bestseller, Nexus: una breve historia de las redes de la información desde la Edad de Piedra hasta la IA, que entre la realidad objetiva de los hechos y la realidad subjetiva de cada individuo existe una tercera capa esencial: la realidad intersubjetiva. Es la que hemos creado a lo largo de milenios a través de acuerdos, relatos compartidos y vínculos humanos. Esta realidad no es solo el mundo que habitamos, sino también el que hacemos posible entre todas y todos.

Desde esta perspectiva, Ken Gergen —padre del construccionismo social— nos invita a comprender que lo que nos hace verdaderamente humanos no es el yo individual, sino la red de relaciones que establecemos con las demás personas y con nosotros mismos.

En los centros educativos, esta realidad intersubjetiva se manifiesta a diario. La escuela no es solo un espacio de aprendizajes curriculares, sino un ecosistema relacional que influye profundamente en la motivación, el clima emocional y el crecimiento personal del alumnado. La UNESCO, en su Informe Global de Educación 2024/25, insta a abandonar los modelos jerárquicos y centralizados para avanzar hacia un liderazgo más inclusivo, en el que docentes, equipos directivos, familias, estudiantes y comunidad construyan una visión compartida. Las investigaciones son contundentes: una cultura relacional sólida mejora el bienestar, incrementa la resiliencia, reduce los comportamientos disruptivos y refuerza el aprendizaje. En definitiva, lo que sucede entre nosotras y nosotros determina qué aprendemos, cómo lo aprendemos y quiénes podemos llegar a ser.

Esto nos exige mirarnos como comunidad. ¿Qué valores articulan nuestras relaciones? ¿Con qué ética nos tratamos? ¿Qué tipo de vínculos favorecemos —o dificultamos— en el día a día? En una época marcada por la inteligencia artificial, quizá el gran reto educativo sea reivindicar aquello que ningún algoritmo puede replicar: la capacidad humana de cooperar, escuchar, compartir sentido y construir conjuntamente. Repensar la cultura relacional no es solo un ejercicio filosófico; es una necesidad práctica para sostener escuelas que cuiden, que generen pertenencia y que permitan a niños, niñas y jóvenes desarrollarse plenamente.

Este replanteamiento pasa por preguntarnos cómo podemos fomentar vínculos saludables entre iguales, cómo crear espacios de diálogo pedagógico que no supongan una carga añadida para el profesorado y cómo implicar a las familias y a la comunidad de forma realista y apreciativa. También nos interpela a revisar las resistencias al cambio, las dificultades para compartir propósitos profundos en los claustros y la diversidad de visiones y valores que conviven en cualquier centro. La evaluación, a menudo escindida entre teoría y práctica, también desempeña un papel clave: puede ser un instrumento al servicio del crecimiento o un mecanismo que lo limite.

En definitiva, hablar de cultura relacional es hablar del corazón de la escuela. Es reconocer que educar es un acto profundamente humano, sostenido por miradas que acompañan, gestos que reconocen y palabras que construyen. Y es desde aquí, desde la fuerza de los vínculos, desde donde podemos imaginar centros más inclusivos, más sabios y más alineados con el futuro que deseamos.


2 respuestas a «Cultura relacional en centros educativos: una invitación a repensarnos»

  1. Avatar de Federico Varona

    Un tema fundamental que, como muy bien dices, ha estado olvidado en la Educación en todos los niveles y que necesita introducirse de una manera explícita y consciente.
    Muy bien fundamentado teóricamente.
    Podría enriquecerse con un ejemplo concreto de cómo hacerlo en la práctica educativa basada en tu experiencia de 30 años.
    Y también podría enriquecerse viendo la educación desde el Paradigma Apreciativo: Una educación centrada en una nueva forma de sentir, pensar, y actuar, y de entender, crear conocimiento, transformar, valorar y hablar del ser humano, mundo social y natural; y comprometida con la construcción de un mundo mejor.

    1. Avatar de Elena Ferreiro

      Muchas gracias por tu comentario Federico. Efectivamente, 30 años como profesional de la educación da para muchos ejemplos sobre qué elementos favorecen una cultura relacional sana de los centros educativos. De hecho, tengo previsto realizar una ponencia para facilitar el intercambio apreciativo sobre aquellos aspectos que generan cultura apreciativa en educación. Como muy bien dices, el paradigma apreciativo puede poner foco en este proceso de transformarnos personalmente para transformar la institución.

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