Cualquier acto creativo es un acto de aprendizaje profundo. Según el documento publicado por la OCDE en 2022 Thinking outside the box. The PISA 2022 Creative Thinking Assessment, la creatividad es una competencia propia de los seres humanos que expresamos continuamente en las situaciones que vivimos. El pensamiento creativo permite la generación, evaluación y mejora de ideas que pueden resultar originales y efectivas para los avances del conocimiento científico, las artes o cualquier situación de la vida cotidiana que comporte un reto a solventar.
En el ámbito educativo hemos explorado la experiencia creativa como parte del proceso de enseñanza aprendizaje necesario en un contexto escolar. Pero más allá de la resolución de problemas, la elaboración de textos literarios o la invención de una poesía, en educación, la representación artística y la creatividad pueden tener otras formas de desarrollarse que pueden potenciar la propia conciencia y los talentos singulares de cada uno de nosotros. Fomentar la creatividad en el aula es fomentar la libertad individual para fortalecer el desarrollo cognitivo, la motivación, el autoconocimiento y el bienestar.
En este sentido, el acto de tejer puede ser una experiencia educativa y creativa que se puede incorporar en el aula por varias razones que intentaré argumentar:
- Genera el desarrollo de las habilidades cognitivas y facilita nuevas conexiones neuronales. Tejer, en general, es una actividad manual que requiere cultivar la atención, la concentración, la coordinación y genera aprendizaje sobre aquello que se está elaborando y más allá. Además facilita la lectura de los símbolos de los patrones incentivando un nuevo lenguaje simbólico que ejercita la reflexión metacognitiva. Es decir, la lectura de un patrón y la elaboración de un proyecto implica muchas y diversas funciones cerebrales.
- Promueve la curiosidad y las ganas de seguir aprendiendo. Genera expectativas sobre aquello que se está tejiendo de manera que se realiza hipótesis sobre el trabajo que se está llevando a cabo. Este ejercicio cognitivo diversifica las posibilidades y amplía la propia experiencia creativa generando ganas de ver el resultado de lo que se está tejiendo La certeza de que aquello que hacemos tiene un resultado genera un compromiso con una misma y una satisfacción cuando el trabajo está finalizado, de manera, que tejer es una experiencia de aprendizaje que facilita seguir experimentando e innovando. En la escuela podemos generar espacios para tejer utilizando diferentes técnicas: con los dedos, con los brazos, utilizando ganchillos, realizando nudos incluso utilizando las agujas circulares.
- Incentiva la toma de decisiones y el libre albedrío. Esto no es menor, en un mundo tan mediatizado por normas; la toma de decisiones a la hora de realizar una labor dará unos resultados u otros. Así mismo la libre elección fomenta un proceso de interiorización e individuación que promueve el autoconocimiento y la reflexión sobre las propias decisiones.
- Aceptar el error como parte del proceso. Equivocarse, especialmente cuando uno está aprendiendo, es parte inherente de conocer una técnica. Aceptar el error como un elemento clave en la ejecución de un tejido es necesario para poder garantizar que el producto final sea el resultado de aquello que queremos que aparezca. En ese sentido, tejer nos permite enfrentarnos al miedo a errar y nos permite desmitificar puesto que es sencillo volver atrás y revisar el porqué nos hemos equivocado. En la escuela el error forma parte del proceso de aprendizaje y diríamos del proceso de vivir. Así pue, enfrentarse a él en un proyecto de tejido puede ayudar a aceptar el error como un elemento más en el proceso de elaboración de un producto tejido.
- Permite explorar la colaboración entre iguales, es decir, el aprendizaje entre iguales. Tejer es una actividad individual de repercusión comunitaria. En ese sentido, recuperamos la tradición de nuestras abuelas, madres, tías que participaban en espacios comunitarios para compartir la experiencia de tejer, donde uno duda, la otra ayuda y viceversa. En la escuela fomentar espacios de aprendizaje comunitario puede ser una experiencia colaborativa entre iguales.
- Se abre a la experiencia y a la vivencia intelectual sincrónicamente. La actividad de tejer fomenta la vivencia de una experiencia manual que requiere de ciertas habilidades cognitivas especialmente de coordinación mano-ojo, la ubicación en el espacio, la organización de una pauta ejecutada de una manera determinada, etc. En la escuela la experiencia de escribir puede asemejar a la experiencia de tejer puesto que ambas requieren una destreza manual y una reflexión cognitiva para llevarla adelante.
- Genera satisfacción, autoconocimiento, autoestima y bienestar. En este momento en los que la salud mental de niños y jóvenes se plantea como un reto en las escuelas, la actividad de tejer sirve como bálsamo para generar autoestima y bienestar.
- Fomenta la expresión singular de una actividad. Tejer es eminentemente una actividad creativa donde el dominio de la técnica reporta posibilidades creativas infinitas promoviendo el estado de fluir tan propio de cualquier actividad creativa.
Todos y cada uno de los anteriores argumentos son elementos clave para incorporar en la escuela diferentes técnicas de tejido. Tejer está más allá de la experiencia manual, es una experiencia de autoexploración y de autoconocimiento, de bienestar y de aprendizaje de vida.


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