¿Cuál es la chispa que enciende una conversación? ¿Por qué una conversación puede ser transformadora? ¿Qué hace diferente una conversación de cualquier otro tipo de comunicación?

La definición que realiza la RAE de “conversar” en su primera acepción es “Dicho de una o de varias personas: Hablar con otra u otras” y propone sinónimos como hablar, parlamentar, charlar, platicar, tertuliar, parlamentar dialogar …

Más allá de las definiciones, conversar es un acto que nos conecta, que nos interpela, que nos compromete. Se trata de superar el parloteo, la cháchara, la comunicación unidireccional o la información objetivable. Nada de esto y a la vez todo ello forman parte de la conversación. Es por ello que en estos momentos de ruido mediático, de informaciones y contra informaciones, de rapidez e inmediatez de los medios de comunicación y de las redes sociales, dedicar un tiempo y un espacio para reflexionar conjuntamente en voz alta puede convertirse en algo realmente revolucionario.

Una conversación requiere de un encuentro tranquilo para dialogar e intercambiar opiniones y pareceres con la única voluntad de entender y entenderse sin necesidad de llegar a ninguna conclusión. Conversar requiere de una actitud abierta, comprensiva, compasiva, curiosa, ganas de saber pero, también, ganas de conocer al interlocutor a través de sus palabras, de sus pensamientos, de sus gestos. Es un acto de creación conjunta que requiere presencia y compromiso en el acto mismo de conversar.

A menudo las conversaciones se inician con una pregunta o con una frase de una temática determinada, o a partir de una imagen o de algún elemento que nos convoca; pero a lo largo de la plática las ideas iniciales evolucionan hacia otras que aparecen espontáneamente y que nos conectan con sensaciones, con impresiones y/o ideas que son como rendijas que nos permiten explorar nuevos caminos por los que transitará la conversación. Es como una danza de palabras, ideas, imágenes que compartimos en un escenario y donde nos diluimos para que el protagonismo sea el de la construcción conjunta de un hermoso baile. Por ello, por esa disolución del yo egoico de las diferentes partes, la conversación es sumamente democrática puesto que cada uno de nosotras aporta aquello que siente, piensa, cree…

Las conversaciones requieren una predisposición por nuestra parte a tener una mentalidad de escucha abierta, sin expectativas, apreciativa, consciente y que deja de lado prejuicios o pensamientos egoicos. La escucha profunda permite construir vínculos para comprendernos entre nosotros pero también para comprenderme. Escuchar bien es una competencia necesaria para una conversación profunda. Nos brinda la oportunidad de estar presente por y para la persona interlocutora, pero también requiere de un compromiso con uno mismo para estar y ser.

La escucha apreciativa implica atención e intención en la conversación. Atención para poder construir a partir de lo compartido y transformarnos generando nuevos aprendizajes; e intención para valorar y apreciar lo comunicado por el interlocutor. En una conversación la escucha profunda y apreciativa es circunstancial, puesto que depende del contexto, de cómo nos sentimos ante la temática tratada, de la situación expresada en un momento determinado; es transformadora, puesto que un intercambio comunicativo real amplía nuestra mirada y nos transforma; y es generativa, puesto que es el punto de partida para la reflexión personal, nuevas conversaciones y el crecimiento personal.


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